Pobladores Indígenas de México
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Pobladores Indígenas de Nuevo León

Esta Información fue tomada con permiso atorgado
de el Libro "Nuevo León-Textos de Folklore"
Escrito por el Profesor Jaime Guerrero

• Modo de Vivir

Los habitantes del Nuevo Reino de León, según cuenta el Capitán Alonzo de León en su primer discurso, vivían en una completa anarquía, bajo una vida bestial y sin politica.

Habitaron en los bajíos por los montes, mudándose de un lugar a otro juntándose con unas familias o dividiéndose como se les antojara.

La ranchería estaba formada por quince chozas a manera de campana y las formaban en hilera o en media luna; cuando tenían guerra, fortalecían las puntas con otras dos chozas.

• Costumbres de Estos Indios

Vivían en unos bajíos de carrizo o zacate, a forma de campana, las puertas tan bajas que les obligaban a entrar agachados y por costumbre tenían una lumbre al centro de la choza.

Dormían en el suelo, sobre algún cuero de venado y por cabecera un montón de heno o zacate.

Los hombres andaban desnudos y ponían unas suelas en sus pies, atadas con correas que lamavan cacles, algunos de ellos se repaban de la coronilla al frente, los llamados calvos, otros se pintaban la cara con rayas de diferente forma, por lo que a éstos nombraban rayados y algunos otros acostumbraban llevar el pelo largo recogido con una correa de venado que les llegaba la punta hasta las nalgas.

Las indias se cubrían con heno o zacate o unos torcidos que hacían de cierta hierba parecida al lino. Las que tenían se ponian un cuero de venado por delante hasta las espinillas y otro atrás que les arrastraba y del cuál prendían , caracoles, frutillas secas, semillas, dientes de animales, conchas o algunas cuentas que producían ruido al andar y que para ellas era un gran lujo. Colgaban otro cuero sobre su hombro como cobija.

Eran gente cruel, vengativos y rencorosos, muy diestros en el uso del arco y flecha, ligeros, de buena estatura; se agujeraban la naríz y las orejas y se metían palos, plumas o huesos por la gala. No cultivaban la tierra, vivían en ociocidad.

• Su Alimentación

En invierno comían el llamado Mezcale, que no era otra cosa que el corazón de la lechuguilla en barbacoa; lo mascaban, chupaban el jugo, comían la carnaza y tiraban las hebras, las que posteriormente ya secas por el sol, las molían en unos morteros de palo y comían aquel polvo que no era de gan sustancia.

En verano, comían el nopal desde que empezaba a brotar, la tuma y la flor de ésta en barbacoa; hacían además "pasa" de ella, entera o en tiras que tendían al sol en petates o en el suelo.

Consumían el mezquite que había en abundancia, lo comían desde que empezaba a sazonar hasta que estaba seco. Cuando estaba seco lo molían en morteros y el polvo cernido o con pepitas lo ponian en unos petatillos o en nopales abiertos. A ésto llamaban Mezquimatamal, comida de gran sustancia que los hacía engordar. También comían frutillas silvestres y raíces.

Eran muy buenos cazadores, la carne predilecta era la del venado que después de matarlo, enviaban a las mujeres por él. Quien lo había cazado no consumía la carne, pues él, se quedaba con la piel.

Grandes pescadores, pues tenían diversos modos de hacerlo; con flechas, encandilando al pescado de noche, con redes, entrando a buscarlo a sus cuevas. Comían el pescado en barbacoa.

• Comían Carne Humana

La gente de este Reino, comía la carne tanto del amigo comoo del enemigo, con la diferencia que, la del amigo, la comían cuando éste había muerto, hacían fiesta o bailes y con el fin de enparentar con el difunto, lo consumían en barbacoa, y los huesos ya molidos, los mezclaban con peyote, emborrachándose de esta manera. La del enemigo la comían de la misma forma sólo que por venganza.

• Los Mitotes de Esta Gente

Los hacían por diferentes motivos; para sus recocijos; alzamientos; platicar enemistades con los españoles; para hacer las paces o en verano para celebrar la abundancia de comida.

Se proveían de mucho peyote.

Convidaban enviando una flecha con huesos o dientes de animales colgando, lo cual señalaba el día. Los que organizaban la fiesta cazaban mucho en los días anteriores y hacían muchas barbacoas que sacaban aquella tarde y las colocaban todas juntas a lo que llamaban montón. Cuando llegaban los convidados, lo hacían en silencio y sin saludarse, se sentaban cerca del otro y al cabo de un rato, comenzaban a trabar plática.

Hacían un fogón alrededor del cual comenzaban a bailar indios e indias en uno o dos círculos. Los pies muy juntos; los codos salidos, las espaldas medio agachadas. Dando saltitos adelante, casi arrastrando los pies, estaban tan junto que el estómago de uno iba tocando con las nalgas de otro. Esto lo hacían por espacio de cuatro a seis horas sin cesar.

Acompañaban la danza tocando unas calabacillas que llevaban dentro piedritas de hormiguero, con palos de ébano o de otro árbol macizo hacían raspadoresque tocaban con otro palillo, produciendo un sonido agradable. También cantaban y en ocasiones en gran número de gente, y lo hacían tan parejos que parecía una sola voz.

Se embriagaban con peyote molido y deshecho en agua, lo tomaban hasta perder el sentido.

Al amanecer se iban retirando, llevando consigo comida y algunos cueros de venado que les regalaban los anfitriones.

Para convocar la guerra, enviaban flechas con piedras ensangrentadas. Cuando era para hacer las paces, enviaban el recaudo y una flecha sin piedra.

Sus Hechicerías

Aprovechándose de la torpeza de entendimiento de la gente de este Reino, había otras personas de más capacidad que los engañaban con falsas demostraciones, con los que los movian a hacer cuanto querían, hasta que los consideraran como a seres divinos.

Sus curas consistían en chupar la parte que dolía, llevando escondido en la boca algún carboncillo, piedrezuela, espina o hueso; y luego hacían gesticulaciones y contracciones del torzo hasta que los vomitaban; haciendoles creer que lo sacaban del pecho. Mostraban aquello a la gente y al enfermo para luego apartarse lejos y machucarlo con piedras tres a cuatro veces.

Los que habitaron al norte de Monterrey; si soñaban que iba a morir alguno u otro de sus semejantes, acostumbraban a matar al hijo o hija, u otro muchacho del pariente más cercano, pensando que de esta manera evitaban la desgracia.

No temían a los rayos, sino todo lo contrario, cuando había tempestades con muchos truenos daban de gritos y tiraban piedras, palos y tizones en dirección a la nube.

• Los casaminetos Entre Ellos

Entre esta gente no habia orden, ni exitía la vergüenza, pues el hombre usaba las mujeres que quería aún en la propia ranchería. Acostumbraba dormir enmedio de ellas sin que existiera el celo. Era muy común, que las mujeres tuviera cuatro o cinco hijos y todos de diferente padre.

El Casamiento entre ellos era de acuerdo y gusto de los padres, quienes cambiaban a la hija por un venado, o el simple cuero de este anumal; no tenían ninguna ceremonia para ello. Una vez que la india se sentía preñada ya no se acercaban a ella hasta que había parido.

No guardaban grado de afinidad; y de consaguineidad muy poco.

• Nacimientos y muerte

"Las mujeres bárbaras de esta regíon no dejan de realizar sus labores cotidianas como son; cargar el huacal lleno de comidas y leña, para dormir de noche hasta el instante de partír. Cuando se llegaba el momento es ayudada por algunas indias, la incan y casi sentada le inclinan el torso hacia adelante, las compañeras le mueven y aprietan el estómago y después de dos o tres pujidos, tiene la criatura en esa posición como los perros. Enseguida cortan el cordón umbilical donde les parezca y sin amarrarlo, bañan a la criatura, si hay agua y si no, así lo cargan; la mujer despues de este trance, vuelve a buscar sus cosas, las toma y regresa a la ranchería sin suspender sus actividades cotidianas los días siguientes.

Acostumbran cargar a los niños sobre los hombros, colgados los pies sobre el pecho y los subían a bajaban de un bracito.

A los difuntos que no habían de comer, los enterraban en el campo, y sobre la sepultura sembraban nopales. A otros los inceneraban y enterraban sus cenizas.

Las indias que estaban de luto, daban de alaridos y se peleaban arrancándose los cabellos con las manos, desde la parte posterior hasta cenrca de la coronilla y sentadas en cuclillas, juntaban las manos y se dejaban caer al suelo. Esto mismo hacían los indios sin arrancarse el cabello.

• Armas y Modo de Pelear

El arma pricipal de sus peleas era el arco y la flecha; hacian el arco del tamaño que deseaban y de diferentes tipos de madera; (entre más correosas, mejor), los preferidos eran de raíz de mezquite. La cuerda la hacían con hebras torcidas de lechuguilla. Las flechas eran hechas con carrizo delgado y macizo que curaban al fuego ; en un extremo ponían dos o tres plumas, según el grupo al que pertenecían; de cuatro dedos de largo más o menos, amarradas con nervios de venado que al contacto con el agua, amarran de tal manera que no se notaba dónde guardaba la ligadura.

En el otro extremo colocaban una piedra puntiaguda haciédole unos arpones hacia atrás para evitar que una vez entrando, saliera con facilidad; también la amarraban con nervio de venado. El mineral más usual para la punta de la flecha era el pedernal o el hierro.

Como defensa usaban el "batidor"; que era un cuero de coyote y otro animal y que amarraban en el brazo izquierdo, casi desde la muñeca hasta el codo.

Su gusto de pelear ara cuando ellos se hallaban con suficiente fuerza y el contrario tenía flaqueza. Eran traidores. También solián matar a los indios que servían de guías a los españoles.

Si peleaban unos con otros, llegaban un poco antes del amanecer a la ranchería y mataban a todos sin respetar edad o sexo; a los muertos desollaban, es decir, les arrancaban el cuero cabelludo, lo colocaban en un palo. Regresaban a la ranchería pegando fuego al camino en señal de victoria y eran recibidos por los que se habían quedado de guardia con humos iguales. Antes de entrar se ponian en hilera, y el primero llevaba en alto el asta con la cabellera, distribuyendo las otras en el resto de la hilera; haciendo una concertada escaramuza y caracol. Convocaban a los vecinos a celebrar con gran mitote la victoria, bailando con estas cabelleras en las astas.

• Herencia de estos Indios

Estos pequeños grupos indígenas dejaron como huella más notable de expresión artística algunos frontones cubiertos de petroglifos, en ellos podemos apreciar ondulaciones, soles, círculos concéntricos, flechas, estrellas, serpientes, grecas y muchos otros signos, sin que hasta el momento se haya podido descifrar su significado.

El primer lugar del que se tuvo noticia es el de "Piedras Pintas", en el municipio de Parás. Es un enorme frontón que mide ocho metros de longitud por cuatro de altura, éste se encuentra a la márgen izquierda del río Sabinas, frente a la ranchería del mismo nombre, inmediata a la línea divisoria entre Nuevo León y Tamaulipas.

Gracias a la labor de los señores Collins Espinoza y Nuñez de León, entre los años de 1955 y 1975, se han descubierto más de 100 lugares.

Entre los más importantes están:

    Al Noreste:

"Piedra Parada", en General Treviño y Agualeguas,.
Pinturas Repestres en el Cerro del Fraile en Dr. González.

    Al Oriente:

"El Paso del Indio", en Los Ramones.
"La Ceja", en China.
"Villa Vieja", en Cadereyta.

    Al Sureste:

"Monte Huma", "Loma del Barbecho" y "Del Muerto", en Terán.
"Sabantos" y "Trinidad", en Linares.

    Al Poniente:

"Guitarritas", en Santa Catarina.
"Nacatáz", "Icamole", "Cueva Humada" y "Los Fierros", en García.
"El Milagro", "Carricitos" y "Presa de la Mula", en Mina.

    Al Sur:

"Cañon de San Cristóbal", en Santiago.
"Cueva del Cordel", en Aramberri.
"San Isidro", en Mier y Noriega.

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Este libro fue escrito por el Profesor Jaime Guerrero Hernández quien estuvo bajo la tutela de el Profesor Jesús Daniel Andrade González. Esta de venta al publico por medio del el Profesor Jaime en México, o de el Instituto Cultural "Raíces Mexicanas" en el extranjero.

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