History of Mexican Peoples
Instituto Cultural "Raices Mexicanas"
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Los Negros en México
Investigación:Gonzalo Aguirre Beltrán
Hecha en 1948 y 1949
 
La precencia del negro en México 
Su importancia como factor dinámicode aculturación; 
Su supervicencia en rasgos y complejos culturales hasta entonces tenidos por indígenas o españoles. 

La aproximación etnohistórica pudo, así, abrir a la investigación un campo totalmente ignorado el del negro mexicano. 

Negros hubo en México desde el momento de la Conquista: su número creció cuando el imperialismo español estructuró la explotación de la colonia a base de una sociedad dividida en castas; decreció al advenimiento del híbrido libre que hizo incosteable la mano de obra esclavista y desapareció, por mestizaje, en el correr de la etapa independiente.  Aun los grupos que hoy pudieran ser considerados como negros, aquellos que, en virtud de su aislamiento y conservatismo lograron retener caracteristicas somáticas predominantemente negroides y rasgos culturales africanos, no son, en realidad, sino mestizos, productos de una mezcla biológica y resultantes de la dinámicas de la aculturación. 

Los negros fueron en México un grupo minoritario; representaron del 0.1 al 2.0 % de su población colonial; el numero de los introducidos por la Trata no fue mayor a 250,000 individuos en el curso de tres siglos.  Pero los españoles tampoco fueron cuantiosos y, ciertainente, se establecieron en Nueva España en número menor que los negros.  En cambio, los productos de mezcla, tanto de negros como de españoles, si fueron multitud: al finalizar la dominación extranjera en México representaban el 40 % de la población, de la cual proporción,  el 10 % era considerado como francamente afromestizo. 

Estos datos, que solo las fuentes históricas pudieron suministrar, han permitido ver, en el mestizo mexicano, características somáticas negroides que antes pasaban inadvertidas. No menos provechosa fue la aproximación etnohistórica para conocer los orígenes tribales de los negros llegados a México; punto clave para poder delimitar el estudio de las culturas africanas que tuvieron representación en el país.  Dado que no existen negros puros, ni culturas puras africanas en México, la única posibilidad para descubrir esos orígenes tribales la daban los documentos de compraventa de esclavos que conservan nuestros archivos.  Y ellos ministraron un fantástico rendimiento que permitió al afroamericanista descubrir no solamente los grandes grupos tribales de donde fueron arrancados los esclavos, sino, en muchas ocasiones, aun las subtribus.  Material imponderable que permite el conocimiento de variaciones menores dentro de las constelaciones que constituyen las grandes areas culturales africanas. 

Aun más, esos mismos documentos dieron a conocer la proporción de negros que procedieron de cada una de esas áreas culturales y, lo que tainbién es importante, la fecha de su introducción.  Se llegó así a determinar como los primeros contactos culturales entre negros, indígenas y españoles se realizaron al través de los negros islamizados del area cultural del Sudán Occidental; como Ilegó la invasión masiva de negros proveentes del área cultural del Congo, de habla bantú para, finalmente, en los inicios del útimo siglo de la Colonia, sobrevenir el contacto con unos cuantos grupos negros extraidos del area cultural del Golfo de Guinea. 

De ello pareció indudable que los primeros contactos, por su primacia, y los segundos, por su masividad, fueron los que dejaron en México las más profundas huellas; siendo imperceptibles los útimos por el escaso número de sus portadores, que redujo inevitablemente el radio de su acción. 

En la resultante de esos contactos intervino, además, otro factor de importancia: el de la distribución de los negros en México.  El investigador que estudie la composición racial del México actual,, sin tener en cuenta los datos que proporcionan los documentos históricos, necesariamente llega a la conclusión de que en México solo exisfieron negros en las costas de ambos mares, el Atlántico y el Pacífico.  En una población donde el hibridismo ha tenido siglos de venir realizindose resulta ímproba tarea, aun para el antropólogo físico más experimentado, determinar características somáticas negroides en los distintos grúpos regionales que la integran. 

En México, hasta hace muy poco tiempo, se aceptaba que solo en las costas mencionadas podianse descubrir esas características negroides, porque sólo en ellas se habian establecido negros.  La aproximación etnohistórica permitió exhibir la inconsistencia del míto.  Fue posible demostrar que el negro esclavo, durante la Colonia, a más de ser destinado al trabajo en los trapiches y haciendas de tierra caliente, también fue requerido, en números de importancia, por todos aquellos lugares de tierra adentro, el antiplano y altas sierras, donde habia explotaciones mineras, asi como en los obrajes 
de las grandes ciudades.  La influencia del negro, tanto en lo biológico como en lo cultural, no quedó limitada a las estrechas fajas costaneras: se ejercitó sobre los centros vitales de un amplio territorio. 

La presencia del negro esclavo en esos centros vitales, en convivencia con la gran masa india sujeta a tributo, ambos, negro e indio, bajo la férula del amo-conquistador, obligó al funcionario colonial a estructurar una sociedad dividida en castas. Dictó todas aquellas leyes y disposiciones que le facultaran mantener una situación de hegemonia sobre los grupos mayoritarios de población, y trató de enclaustrar a su propio grupo conservandolo incontaminado tanto en lo biologicó como en lo cultural. Para guardar la pureza de su sangre, Prohibió el matrimonio con negros y creó el clima propicio para evitar el matrimonio con indios.  Para mantener su cultura prístina, creó el Santo Tribunal de la Inquisición y lo encargó de la feroz persecución de quienes se desviaban de las normas ortodoxas. 

Pero toda esa estructura carecía de bases sólidas fincadas en la realidad, dada la escasisima inmigración de mujeres españolas y la abundancia y continuidad de los contactos  culturales con indios y negros, por cual sólo pudo ser sostenida artificialmente. Tampoco el negro,  considerado infame por su sangre y por su condición de esclavo, quedó enclaustrado dentro de su casta: la escasez de mujeres negras, por una parte, la naturaleza ingenua del producto del vientre libre por la india, por otra, llevó a mezclarse con ésta, como medio indirecto para salir, al través de los hijos, del status en que habia sido colocado. La acción del negro, pues, se realizó por conducto del mulato, del afromestizo libre, como abundantemente lo puebran los documentos históricos. 

El negro, ciertamente, no pudo reconstruir en la Nueva España, las viejas culturas africanas de que procedía. Su status de esclavo, sujeto a la compulsión de los amos esclavistas cristianos, le impidió hacerlo: aun en aquelos casos frecuentes en que la rebelión lo llevo a la condición  de negro cimarrón y, aislado en los palenques, vivió una vida de absoluta libertad, su contacto con el indígena y con el mestizo aculturado le impidió llevar a cabo esa reedificación. 

A diferencia del indígena que, reinterpretando sus viejos patrones aborígenes dentro de los moldes de la cultura occidental, logró recontruir una nueva cultura indígena, el negro sólo pudo, en los casos en que alcanzó un mayor aislamiento, conservar algunos de los rasgos y complejos culturales africanos y un porcentaje de características somáticas negroides más elevado que el negro esclavo, que permanecio en contacto sostenido con sus amos: pero en ningún caso persitió como negro puro, ni biológica ni culturalmente. 

Pudiera suponerse que tales circumstancias determinaron el olvido del negro por parte de los estudiosos mexicanos; más en realidad derivo esa ignorancia de la magnitud que entre nosotros alcanzó siempre la naturaleza mística de lo indio. 

Debido a ello, sólo teniamos ojos para lo indio y cerrábamos la razón a todo aquello que no encajara dentro del esquema sentimental elaborado sobre lo indio por nuestros románticos del siglo pasado. Los estudiosos extranjeros de lo mexicano, inexplicablemente, sufrieron, también, ese contagio místico de lo indio, sin que en ellos pesara la herencia emotiva e imponderable.  Unos y otros sólo tuvieron en cuenta lo indio y lo español; lo negro no entró nunca en la esfera de sus preocupaciones, virtud de los estudios afroamericanistas y del método etnohistórico, fue el descubrimiento del negro en México.  

EI énfasis que hemos puesto en la importancia del estudio del negro y la necesidad de su aproximación etnohistórica, tiene una motivación de orden práctico de gran trascendencia, a nuestro juicio, a saber: la necesidad de tener siempre presente al negro donde quiera que se pretenda realizar un estudio exhaustivo e integral de la cultura nacional o de las culturas indígenas regionales.  De no hacerlo, seguiremos dejando en el conocimiento y en la interpretación, como hasta hoy lo hemos hecho, una laguna de grandes proporciones.  

Pero el estudio etnohistórico, para tener una base sólida, requiere el completo ineludible de la investigación etnográfica.  Sin ella no tendria verificasión las resultantes del proceso histórico, el precipitado de la aculturación, y la disciplina no pasaria de ser una porción especializada de la historia, esto es, no habria fundamento loógico para hacerla figurar como parte integrante del conjunto de ramas disciplinarias que constituyen el cuerpo de la Antropologia o Ciencia del Hombre.  

Los núcleos negros que en México todavia pueden ser considerados como tales, derivan principaimente de los cimarrones que reaccionaron contra la esclavitud y se mantuvieron en libertad gracias a la creación de un ethos violento y agresivo en su cultura que hizo de sus individuos sujetos temibles.  Esos remanentes de nuestra población negro-colonial se encuentran hoy día localizados en las costas de ambos oceános; pero mientras los que aún persisten en la costa del Golfo son dificilmente accesibles y, con ello se presume, han sufrido contactos frecuentes y continuados con individuos de la cultura nacional, de tipo occidental, los situados  en la costa del Pacífico, por el contrario, han permanecido en un aislamiento del que apenas comienzan a salir al establecerse en la zona vías mordernas de comumicación que datan de unos cuantos años.  

Debido a tal circunstancia se penso que los negros del Pacífico eran los sujetos de elección para investigar los productos terminantes del contacto entre las culturas africanas, las indígenas y la española que concurrieron en el mismo territorio.  En esta forma se podia comprobar y aún descubrir qué rasgos, complejos configuraciones culturales, no identificados a la fecha, o tenidos por indígenas o españoles, eran en 
realidad de procedencia africana.  

Como veremos en el curso de este esbozo etnográfico, todavia persisten en el país elementos culturales transmitidos por los primeros portadores negros inmigrados a México, y es posible identificar como africanos algunos hábitos motores, como el de llevar al niño a horcajadas sobre la cadera o el de cargar pesos sobre la cabeza.  También es demostrable la asignación de un origen africano al tipo de casa habitación llamada redondo, que tomaron en préstamo los grupos indígenas amuzga, mixteca y trique y entre quines perdurará seguramente cuando haya desaparecido en los establecimientos negros que hoy experimentan un rápido proceso de cambio. En las condiciones del trabajo agrícola, en la organisación social, particularmente en el sistema de parentesco, en las distintas crisis del ciclo vital, en la religión y aun en la lengua, es posible asimismo reconocer formas inequívocas africanas. 

El hecho de que una linea de navegación aérea tocara el pueblo negro de Cuajinicuilapa, en viajes eventuales, y que fuera ese lugar uno de los escasos puntos donde el investigador podía contar con ciertas garantías para su seguridad en una zona que se encontraba hasta hace poco fuera de un efectivo control gubernamental, nos hizo escoger tal pueblo como lugar de residencia para el trabajo de campo. Antes de realizar este dedicamos un mes, el de noviembre de 1948, a una búsqueda de antecedentes en el Archivo General de la Nación. 

La investigación en el Archivo se vio coronada de éxito al localizar, en los ramos de Mercedes y Tierras, principalmente, los documentos históricos indispensables para fijar el establecimiento de los esclavos negros en Cuajinicuilapa, el desplazamiento y destrucción de los grupos etnicos mixteca y tlapaneca, habitantes originales del territorio, y la erección del inmenso latifundio del Mariscal de Castilla que, desde el siglo XVI hasta la Revolución de 1910, pasó de unas manos a otras sin sufrir graves menoscabos. Los datos recogidos en el Archivo, adicionados con materiales extraídos de fuentes primarias impresas especialmente en Paso y Troncoso, permitieron completar en forma, a nuestro juicio satisfactorio, los antecedentes del pueblo elegido para la investigación etnográfica. 
  
El trabajo de campo fue desarrollado en dos etapa, la primera de un mes, abarcó los últimos veinte dias de diciembre de 1948, y los diez primeros de 1949 y tuvo por objetivo una recopilación intensiva de material etnográfico, tanto en el pueblo de Cuajinicuilapa, como en sus sujetos de San Nicoláss y Maldonado. Excursionamos, además, por los campos cultivados de los Bajos y recorrimos lugares fuera de la circunscripción, Xochixtlahuaca, Lo de Soto y Collantes, en un viaje rapido. La segunda etapa, de quince días, se cubrió durante el mes de febrero de 1949, mediante una estancia exclusiva en Cuajinicuilapa dirigida a presenciar la feria del Segundo Viernes. Durante esta etapa dedicamos especialmente  nuestros esfuerzos a la recopilación de material folklórico, logrando la grabación de sesenta sones. Esta tarea pudo desarrollarse gracias al entonces director del Museo de Antropología Don Manuel Rubín de la Borbolla, quien nos facilitó grabadora de alambre y rollos suficientes.  

El escaso mes y medio dedicado a trabajo de campo, apenas nos faculta para considerar este ensayo como un esbozo etnográfico, en forma alguna como una investigación completa. De cualquier modo, con esas limitaciones, el ensayo debe ser tenido como punto de partida para otros trabajos que llenen lagunas y satisfagan deficiencias que nosotros, por falta de tiempo y capacidad, no pudimos salvar. Siendo este esbozo etnográfico un trabajo pionero, en cuanto al negro en México, creimos conveniente apoyar los hallazgos con notas bibliográficas realizadas en diversos grupos étnicos africanos, particularmente bantús. Por otra parte, en su redacción procuramos restarle aridez a la descripción cientifica, haciendo caso omiso, en lo posible, de los términos técnicos y utilizando un lenguaje corriente, a veces de tono coloquial, accesible al lector no especializado en Antropología. Los nombres y apellidos de los informantes y de quienes en una forma u otra intervienen en los hechos narrados, fueron modificados en la redacción final de este ensayo para evitar los injusticias que pudieran derivarse de los juicios de valor del etnógrafo. 

México, marzo de1956
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